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Joaquín Gómez Bas

Joaquín Gómez Bas

Nació en Cangas de Onís (Asturias, España) el 26 de mayo de 1907 y murió en Buenos Aires el 4 de noviembre de 1989. Su espíritu alacre y sensible brilló en la poesía, la narrativa y la plástica. Se le debe el lema de la Academia: «El pueblo agranda el idioma».

Hijo de inmigrantes, llegó a Buenos Aires en brazos de su madre el 24 de agosto de 1908. Tuvo la infancia incierta y acuciosa de los niños de hogares pobres. Creció en distintos barrios, realizó tareas diversas y se orientó hacia el periodismo y la poesía. “Mi niñez y mi adolescencia se comprimen en un recuerdo que sobrellevo como una sombra triste”, le confesó a Luis Alposta.

Sus tiempos eran propicios a las tertulias de café y estaba por entonces en su esplendor la famosa Peña del Café Tortoni, animada por el gran pintor Benito Quinquela Martín, que el 31 de mayo de 1971 recibiría el Farolito de Oro de la Academia Porteña del Lunfardo.

La obra poética de Gómez Bas comprende los siguientes volúmenes: Panorama de ensueño (1934), Marejadas (1937), Faroles en la niebla (1941), Birlibirloque (1945). “Es el suyo –escribió León Benarós en 1959– un sentimentalismo curtido, que no tolera caer en la lágrima fácil”.

En 1952 publicó Barrio gris, una novela cuya acción se desenvuelve en barrios bajos y sórdidos. Tuvo un gran éxito y fue llevada al cine por el director Mario Soffici en 1954. Igual suerte corrió Oro bajo en 1952. A esas obras, que se cuentan entre lo mejor de la narrativa argentina, siguieron La comparsa (1965), La gotera (1968), La resaca (1973), Buenos Aires y lo suyo (1976) y Suburbio (1982).

Para sus obras de ficción cabría una clasificación muy usual en la plástica: realismo mágico. Y en esa clasificación encuadra también su excelente obra pictórica, en cuyo homenaje la Academia llamó Joaquín Gómez Bas a la galería de arte abierta en su Patio de las Columnas. Su cuadro “Lanchones amarillos” obtuvo el prestigioso premio Benito Quinquela Martín.

Se contó entre las diez personas que el 21 de diciembre de 1962 suscribieron el acta fundacional de la Academia, dictada por él. Ocupó en la institución el sillón «Enrique González Tuñón». Ejerció la vicepresidencia entre los años 1981 y 1985. Bajo un aire ladeado y amigo de exabruptos ácidos y socarrones (siempre traicionados por una sonrisa cautivante –rendija que permitía asomarse a su alma–), atesoraba vastos yacimientos de ternura.